En relación a los servicios ecosistémicos de la biodiversidad fuera de la jurisdicción nacional en la región del Pacífico Sudeste es de gran importancia la actividad pesquera, dada la alta conectividad de dichas áreas con la productividad de las zonas económicas exclusivas de las economías costeras; especialmente para el caso de especies migrantes emblemáticas como el calamar gigante en Perú, el atún en los países del norte como Ecuador y el jurel hacia el sur en Chile. Adicionalmente, existe una importante presencia de flotas distantes provenientes principalmente de China que explotan las áreas frente a los límites nacionales.

Biodiversidad fuera de las áreas jurisdiccionales y su valor para el bienestar humano. Adaptado de Bartowski (2017). ©Sabine Zentek

 

 

Otro servicio ecosistémico provisto por la biodiversidad pero aún poco desarrollado en la región sudamericana tiene que ver con los recursos genéticos marinos (RGM), los cuales permiten el desarrollo de aplicaciones que van desde compuestos químicos y enzimas para usos industriales, el desarrollo de la biominería, la obtención de secuencias para la bioingeniería alimentaria, hasta cosméticos, nutracéuticos, productos farmacéuticos y la investigación de aplicaciones médicas, como propiedades anti cancerígenas, entre otras. Sin embargo, aunque existen capacidades de investigación en algunas universidades de los países de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS), el escalamiento y el desarrollo de compañías de biotecnología no ha sido una política de los estados ni interés de privados nacionales y, en consecuencia, el patentamiento ocurre principalmente en el extranjero.

 

Adicionalmente, las ABNJ y su biodiversidad, contribuyen con servicios ecosistémicos de regulación climática, interactuando con complejos ciclos oceanográficos, influencia el clima global y regional; además de contribuir como soporte y hábitat para una gran variedad de organismos. Entre estos últimos, aquellos que pueden ser encontrados en las ABNJ son generalmente considerados parte de la megafauna marina e incluyen entre otros cetáceos, pinnípedos, reptiles marinos, peces como los atunes, los tiburones, las rayas, y las aves marinas. Para estos organismos, las ABNJ constituyen importantes áreas de migración y alimentación. Mucha de esta megafauna puede permanecer en estas áreas entre el 45% y el 75% del año (Harrison et al. 2018).

Riesgo, márgenes de ganancia y plazos para el desarrollo de actividades comerciales 
basadas en recursos genéticos marinos (Blasiak et al., 2020).

 

Estas especies migratorias que cumplen un rol fundamental en la provisión de servicios de regulación climática y en el ciclo de carbono del planeta, además generan importantes efectos económicos sobre las zonas costeras en la forma de servicios turísticos asociados a su avistamiento, como ocurre en el caso de los tiburones en las Islas Galápagos en Ecuador, o en determinadas localidades en Perú y Chile con las ballenas.

 

 

 

 

 

Flujo de carbono y oxígeno asociado a las ballenas (Chami et al., 2019).

Cuando se trata del mar, las relaciones socioculturales generalmente se dan en áreas costeras, sin embargo, existen comunidades en islas oceánicas, que a pesar de llevar a cabo sus actividades en las ZEE, por las condiciones de localización pueden ser consideradas como ABNJ, ya que están inmersas en el mismo ecosistema, tal es el caso de Isla de Pascua (o Rapa Nui) y el archipiélago de Juan Fernández (Isla Robinson Crusoe), donde las condiciones de aislamiento les ha permitido forjar su propia identidad y relación con el mar. Es importante tener en consideración estos aspectos al diseñar propuestas de gobernanza sobre las ABNJ, por las relaciones que se establecen entre este tipo de comunidades, las que muchas veces son nativas o pueblos originarios y con un fuerte sentido de tenencia y derechos en el mar.

 

Existe una diversidad de usos actuales y potenciales de las ABNJ que interactúan o dependen de su biodiversidad, con implicancias globales y asimetrías en relación a las capacidades reales de aprovechamiento por los países costeros, así como también respecto a los riesgos asociados a su sobre explotación, así como también sobre los impactos ambientales de un eventual inicio de actividades mineras submarinas. Adicionalmente, el potencial desarrollo de nuevas actividades en las áreas fuera de la jurisdicción nacional depende fuertemente del acceso al capital y al conocimiento, condiciones que en un contexto capitalista tienden a estructuras de administración o gobernanza con un número reducido de actores poderosos y a mercados fuertemente concentrados. La concentración económica y la desinformación respecto al océano podrían debilitar la participación y con ello la representación de arreglos institucionales, arriesgando la exclusión de actores relevantes, especialmente a nivel regional y artesanal.

 

Finalmente, a pesar que los ecosistemas marinos generan una amplia gama de servicios y que la mayoría de ellos dependen de su estado, son los ecosistemas oceánicos los que cuentan con los mayores déficits de conocimiento y gobernanza. La gestión de los ecosistemas marinos es complicada tanto por la limitada comprensión que se tiene de los mismos como por la ausencia de estándares amplios para su evaluación. Una mejor comprensión de los servicios ecosistémicos de la BBNJ, su contribución al bienestar de las personas y con ello la evaluación de sus aspectos socioeconómicos, facilitará su gestión en la medida que sea posible comprender de mejor manera los impactos de las distintas actividades productivas y su interacción con los procesos biológicos.

 

 

 

Desarrollo científico en la producción de beneficios sociales y el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 14 (Visbeck, 2018).