La biodiversidad del océano es infinita, especialmente, la de las zonas de alta mar, conocidas como ABNJ, es decir, aquellas aguas más allá de 200 millas náuticas de las costas y que no pertenecen a ningún país. Estas zonas albergan un sin número de especies, muchas de ellas aún desconocidas, que tienen un rol vital en el funcionamiento de los ecosistemas y, por ende, en la vida de las personas. Por sus aguas migran grandes especies emblemáticas como las ballenas y tortugas marinas y, en su lecho marino, millones de microrganismos trabajan para regular el oxígeno y el dióxido de carbono del planeta. Debido a las diversas funciones ecosistémicas que cumplen, la alimentación y el trabajo de muchas poblaciones alrededor del mundo dependen de la salud y el buen funcionamiento de estas aguas.